Malvinas Argentinas: una cuestión única

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Mientras que el gobierno argentino opta por una salida dialogada y diplomática, el Reino Unido apuesta a la provocación y la agresión.

Desde 1982, el 2 de abril se transformó en una fecha simbólica para el pueblo argentino. Pero el de 2012 será especial: se cumplirán tres décadas del inicio de la Guerra de Malvinas.

Con el arribo de Néstor Kirchner a la presidencia del país, pero sobre todo durante la gestión de Cristina Fernández, la cuestión de la soberanía de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur recuperó la centralidad como política de Estado.

Así, el gobierno nacional y popular de Cristina Fernández se encargó de insistir en el reclamo por los carriles de la diplomacia, exigiendo al Reino Unido que se siente a negociar, como lo indica la resolución 2065 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Esta decisión del gobierno argentino de llevar adelante el reclamo por la vía diplomática obtuvo un gran apoyo internacional. Tanto la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), convirtieron el reclamo argentino en una exigencia propia.

Además, el Mercado Común del Sur (Mercosur), en su última Cumbre desarrollada en Montevideo, decidió prohibir el ingreso de las embarcaciones con banderas ilegales de las “Falklands Islands” a sus puertos.

Al cierre de la cumbre, Cristina Fernández agradeció el apoyo y advirtió que el caso Malvinas ya “no es una causa argentina, es una causa global porque se nos están llevando recursos petroleros y pesqueros”.

Asimismo, la posición argentina obtuvo también el respaldo de China. Jian Susheng, vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de China, señaló que “China continuará apoyando el reclamo argentino sobre la soberanía en la Islas Malvinas”.

Susheng también remarcó la “necesidad de que los gobiernos de Argentina y el Reino Unido reanuden las negociaciones por Malvinas, con el fin de encontrar una solución pacífica a la disputa sobre la soberanía”.

A todas estas demostraciones de apoyo a la postura argentina, se debe sumar un nuevo respaldo de la ONU. A mitad de año, el Comité de Descolonización del organismo internacional volvió a solicitar la apertura de una instancia de diálogo.

Los 29 miembros del Comité de Descolonización votaron un texto en el que se dejó en claro que “el mantenimiento de situaciones coloniales es incompatible con el ideal de paz universal de las Naciones Unidas”.

Pero para el Reino Unido la diplomacia y el diálogo no son una opción. Para el premier David Cameron la soberanía de las islas no está en discusión, por lo que la respuesta a la que apela Londres es la provocación.

Durante el 2010, el gobierno británico no sólo autorizó a diversas empresas privadas inglesas a explorar y extraer petróleo de las aguas circundantes a las Malvinas, sino que ademásllevó adelante ejercicios militares con lanzamiento de misiles en las costas de la isla Soledad.

En octubre de 2011, el destructor británico HMS Edinburgh estuvo apostado en las islas Malvinas durante los días en los que se llevó adelante el ejercicio naval Team Work South, en aguas chilenas.

Además, días después el Reino Unido dio a conocer que el príncipe Guillermo viajará a las Malvinas en febrero de 2012, donde durante seis semanas recibirá entrenamiento militar.

La grave crisis económica y financiera por la que atraviesa el bloque europeo no ha ignorado al Reino Unido. A mediados de año, David Cameron aprobó una serie de medidas de ajustes que busca recortar unos 130 millones de dólares del gasto público durante los próximos cuatro años.

Si bien son los cinturones de los que menos tienen los que se ajustaron, la tijera de Cameron también llegó, aunque en menor medida, a algunos ministerios: el presupuesto militar sufrió un recorte del ocho por ciento.

Durante los primeros días de diciembre, el Premier británico dejó en claro, ante el Parlamento británico, que esa reducción no afectaría la defensa de sus colonias ultramarinas.

Con respecto al recorte, el legislador Andrew Rosindell preguntó si la crisis económica y financiera iba a deteriorar “la capacidad de defensa de los 16 territorios de ultramar” que se encuentran, aún, bajo bandera inglesa.

“La bandera británica seguirá flameando en la residencia de los gobernadores y aumentaré la asistencia a esos territorios”, respondió Cameron.

El Primer ministro no se detuvo allí y redobló la apuesta: Londres llevará adelante en 2012 un gran festejo en las Malvinas en conmemoración del “30º aniversario de la rendición argentina”.

Pero el nivel de provocación, por parte del Reino Unido, aumentó drásticamente tras el anuncio del Mercosur de cerrar sus puertos a las naves con banderas de las islas, decisión calificada como “injustificada” y “preocupante” por el Ministerio de Exteriores británico.

Si bien voceros del gobierno británico lo negaron, tanto el Daily Mail, como The Daily Telegraph, anunciaron que el Reino Unido “desempolva planes de guerra” y prepara un Plan de Defensa de las islas Malvinas, que incluiría el envío de un submarino nuclear a las inmediaciones de Malvinas.

El diario Daily Mail indicó que Lord West, ex jefe de la Armada británica, reclamó a Cameron: “Nuestro submarino debería mostrar su mástil y dejar en claro que está allí”.

“Tenemos que hacerles entender (a los argentinos) que la soberanía no está en la mesa de negociaciones. Los habitantes que viven allí quieren seguir siendo británicos”, enfatizó West.

Aunque Londres niegue un aumento de personal y equipamiento militar en Malvinas, queda claro que el nivel de agresividad, en los últimos meses, aumentó considerablemente.

Esta acentuación de la provocación británica puede entenderse, por lo menos, desde dos aristas. En primer lugar, Cameron comienza a sentirse aislado debido al apoyo que recibe la posición de Argentina en cada uno de los foros internacionales.

Por otro lado, está la grave situación económica, financiera y social por la que atraviesa el Reino Unido. La decisión de ajustar a los sectores más vulnerables no hace más que separar al gobierno del pueblo. Y en momentos de crisis, nada mejor que la creación de un relato de defensa de la soberanía para lograr la cohesión nacional.

En 1982 tanto Leopoldo Galtieri como Margaret Thatcher recurrieron a Malvinas para mantenerse en el poder. Evidentemente, Cameron tiene bien aprendida la lección que la “Dama de Hierro” le legó.