Malvinas Argentinas: las Razones del Colonialismo

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Recordar algunos números que hacen a la riqueza potencial del archipiélago explica la negativa británica a un diálogo descolonizador.

Si hay algo de lo que debemos estar seguros cuando hablamos de las Islas Malvinas, es que el Reino Unido nunca se confundió cuando tuvo que tratar este tema desde hace mucho más de cien años.

Para empezar no se confundió al fundar el Falklands Islands Company (FIC) en 1852, un consorcio isleño dedicado a las operaciones petroleras de la región.

El famoso historiador Eric Hosbwan señaló al FIC como el principal responsable de la guerra y propiciador del conflicto en un artículo en 1983 titulado “Falklands Fallout”

La Corona tampoco dudó en enviar sendas misiones de prospección geológica a mediados de los ’70 en busca de hidrocarburos. En nada desacertó el responsable de una de esas misiones, el diputado laborista e ingeniero de la Shell, Colin Phipps al señalar el potencial hidrocarburífero de la zona.

Margaret Thatcher declaró la guerra a la Argentina con Colin Phipps en calidad de asesor petrolero. Así lo señaló un año atrás su hijo y hoy heredero de Desire, otra de las operadoras petroleras en Malvinas, fundada por Phipps en 1996.

En el último año la compañía británica Rockhopper Exploration, fundada en 2004 al único efecto de explorar y explotar crudo y gas en Malvinas, anunció que su segundo pozo prospectivo -el “Sea Lion”- cuenta con un 155 millones de barriles técnicamente extraíbles.

Dicho número cobra sentido si se recuerda que según consta en el tradicional informe de la British Petroleum, el Reino Unido (RU) importa 163 mil barriles diarios.

En otras palabras, el crudo argentino de Malvinas ahorraría al RU 2,6 años de importaciones, que equivalen a casi 17 mil millones de dólares. A la riqueza petrolera debe sumarse la riqueza propia del mar adyacente.

Es proverbial la calidad de la pesca -sobre todo en un contexto de demanda planetaria de alimentos– riqueza que se complementa con la composición nutricional de las algas.

En los suelos marinos también existe presencia de recursos metalíferos. Un ejemplo lo constituyen los nódulos polimetálicos de manganeso, metal considerado estratégico.

En el orden geopolítico, Malvinas está ubicada de manera de controlar uno de los puntos de estrangulamiento del comercio mundial: el Estrecho de Magallanes y además, provee una base para el control de un amplio sector oceánico. De remate, provee un punto de apoyo válido para futuras pretensiones británicas sobre el continente antártico.

En la década de 1970 los británicos pensaron que, o bien la economía malvinense se modernizaba –de la explotación de lana a la pesca, y de la pesca a la explotación petrolera– o las islas no tardarían en caer en poder argentino.

Esa disyuntiva indujo a la corona británica al diseño de un plan de modernización en la década del 70. Fue por esa época que la lana, por entonces el principal producto de las islas para el comercio, se depreció drásticamente.

El gran avance se produjo en septiembre de 2011 cuando Rockhopper Exploration realizó con éxito las primeras pruebas de prospección. El archipiélago guardaba importantes existencias de crudo.

La empresa cifró los costes de preparación para la extracción en 2.000 millones de dólares y estimó las existencias de crudo en 350 millones de barriles (159 litros/barril). Esa perspectiva justificaba empezar a planificar la extracción en 2016.

Para suerte de los argentinos, Néstor Kirchner y Cristina Fernández tampoco se confundieron. Ambos mandatarios realizaron una incansable política para remalvinizar la sociedad argentina y de llevar el tema a todos los foros internacionales.

Así, se remalvinizó a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y al Mercado Común del Sur (Mercosur), para llevar adelante el legítimo reclamo argentino sobre las maquinaciones petroleras del imperio británico en las islas, pero esta vez como unión latinoamericana de estados soberanos, dueños de sus propios destinos.

Ello implica también que en estos momentos de la historia, los sudamericanos entienden que hoy es el petróleo de Malvinas, y mañana es Ecuador, pasado Brasil y luego los demás. No hay quien se salve.

Así lo resaltó el periodista británico, Richard Gott, escribiendo para el diario “The Guardian” al cuestionar la política británica en Malvinas.

“Lo que cambió en los últimos años es el clima político en América Latina. Nuevos gobiernos aparecieron en todo el continente con una agenda progresista y nacionalista, y están unidos en la creencia de que su continente debe organizarse en beneficio de sus propios pueblos, sin injerencia extranjera”.

Se puede hablar de recursos energéticos, de algas, de pesca; de nódulos de manganeso o de geoestrategia; pero la principal y fundamental causa del reclamo radica en que las Malvinas fueron, son y serán argentinas.