Entre objetividad y parcialidad, una búsqueda

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La tarea del Observatorio de Medios de Argentina no consistió en sistematizar lo que surge de una primera lectura sino en establecer cuáles fueron las herramientas a las que apeló Pagina 12 (y otros diarios) para fijar su posición ante el debate en torno a la nueva ley de medios audiovisuales.

Trabajar en un Observatorio de Medios equivale a confirmar cuánto cuesta sostener el discurso de la “objetividad”. Lo digo a partir de que me tocó analizar la construcción noticiosa del diario Página 12 respecto del debate político y parlamentario en torno a la ley de medios de la democracia.

De una primera lectura del diario, podía percibirse una posición favorable al proyecto del gobierno nacional. Más que probar esa tendencia, la tarea consistió en exhibir las herramientas y técnicas utilizadas por el medio para imprimir su posicionamiento, cumpliendo con los estándares de calidad profesional, los que, en primer lugar, nos remiten al concepto de “objetividad” tal como surge del acuerdo semántico propuesto por el modelo teórico y metodológico del Observatorio.

Ese modelo se denomina Intencionalidad Editorial y sostiene que “objetividad” significa remisión a fuentes y de ninguna manera imparcialidad, toda vez que considera que todo proceso periodístico es parcial (toma posición) y disputa poder en el campo de los sentidos.

Lo más fácil y directo sería el análisis cuantitativo. En pos de realizarlo, había que determinar qué elementos tabular: lo que primero surgía era la cantidad de notas que abordaban el tema respecto del total de artículos publicados por el medio durante el período observado.

Para ello también se debía determinar el universo: ¿hasta dónde medir? Por cuestiones que hacen a las condiciones materiales que influyen sobre toda investigación, desechamos las ediciones en papel; luego la pretensión de abarcar todo lo publicado en la Web. Por fin, el límite llegó incluso a la pantalla, de acuerdo al ordenamiento que se daba el propio diario.

Este criterio, el de tomar como referencia las decisiones del medio, fue el mismo a la hora de diferenciar las notas de opinión de las informativas. Se tomó como opinión las que el medio consideraba tales y destacaba con un cartel inequívoco.

Aun así, la duda flotaba respecto al género análisis. En Página/12 -que tanto heredó de otro llamado La Opinión, nada menos- la diferencia no es clara. Sus columnistas José María Pasquini Durán, Mario Wainfeld y Horacio Verbitsky, en sus análisis dejan en claro sus respectivos posicionamientos -apoyo a la ley- , aunque suelen recurrir a la utilización de fuentes.

Distinto fue el caso de Eduardo Aliverti, quien firmó columnas bien presentadas como de “opinión”, ejercicios de argumentación, sin fuentes, ceñidas a la tarea del “opinador”.

Las notas con mayor cantidad de fuentes se registraron en las ediciones dominicales, por la profusión a la que apeló Verbitsky. Los datos precisos al respecto pueden constatarse en los informes cuantitativos de nuestra investigación. El columnista citado recurrió a fuentes a favor y en contra del proyecto de ley en casi el 40 por ciento de las piezas estudiadas.

Al menos, mientras duró el tratamiento en el Senado, hubo citas a 97 fuentes a favor (45 desde el 21 septiembre hasta fin de mes; 52 hasta el 11 de octubre), con 123 en contra (50 desde el 21 septiembre; 73 hasta el 11 de octubre). No se limitó a testimoniales sino que también recurrió a fuentes documentales.

Enfrentarse a semejante corpus de calidad y cantidad también ameritó una selección que, en pos de la eficacia de la investigación, pasó por alto el señalamiento de diferencias entre tipos de fuentes.

Los enunciados hasta aquí fueron algunos de los ejes de un trabajo que, como ya señalamos, fijó sus objetivos en la determinación de aquellas herramientas que utilizó el diario en cuestión para construir su intencionalidad editorial.

Por Alberto Moya